
Hace unas semanas, la ciudad de Arica volvió a vibrar con una nueva edición del Arica Sunset Festival, que en su tercera versión consolidó un espacio de encuentro entre sonidos, públicos y escenas diversas del norte. El evento se desarrolló en la Terraza Mestiza, un punto estratégico ubicado en la entrada de la ex Isla del Alacrán, donde la brisa marina y la noche ariqueña se mezclaron con guitarras, bajos y ritmos que cruzan fronteras.
La jornada arrancó pasada las 23:00 horas con la presentación de Tañe Man, quien abrió el escenario con una propuesta cargada de reggae y covers reconocibles, logrando una conexión inmediata con el público. Su show funcionó como un puente emocional, instalando una atmósfera relajada pero atenta, donde las primeras vibraciones del festival comenzaron a tomar forma.



El relevo lo tomó HUMOX, banda que irrumpió con un punk directo, de guitarras afiladas y actitud frontal. Su presentación marcó un contraste sonoro importante dentro de la noche, aportando intensidad y recordando el peso histórico del punk en la escena local, donde la autogestión y la crítica social han sido ejes fundamentales.


Tras un intervalo más extenso de lo esperado (uno de los puntos a mejorar en la logística del evento) llegó el turno de Carlos Aníbal “El Moroco”, quien aportó una cuota distinta al line up, moviéndose entre sonoridades que dialogan con lo popular y lo identitario, reafirmando la diversidad de propuestas presentes en el festival.


Luego, el escenario se llenó de groove con Piedraman & Escuadrón Bambata. Piedraman, reconocido músico de la escena reggae ariqueña, demostró por qué es considerado una figura clave dentro del circuito local. Su presentación no solo destacó por la solidez musical, sino también por la conexión con un público que ya reconoce su trayectoria y compromiso con el sonido roots en la ciudad.


La energía continuó con Sin Apuro, banda que desplegó su característico “ska pachanga”, un estilo festivo que invitó al baile colectivo y reforzó el espíritu celebratorio del evento. En este punto de la noche, el festival ya había logrado consolidar una identidad sonora diversa, donde el reggae, el punk y el ska dialogaban sin fricciones.



Sin embargo, uno de los momentos más altos (y quizás más significativos) llegó con la presentación de la banda mexicana Ballam Roots. Su show sorprendió por la potencia en vivo, la calidad interpretativa y la energía escénica que desplegaron frente a un público que, lamentablemente, no fue tan masivo como la propuesta lo merecía. La presencia de una banda internacional de este nivel en Arica no es algo cotidiano, y su paso por el escenario dejó la sensación de que la ciudad, en cierta medida, no dimensionó el valor de esta visita. Aun así, para quienes estuvieron presentes, fue una experiencia potente, de esas que marcan y generan fidelidad inmediata: más de alguno se fue convertido en nuevo seguidor de la agrupación.



El Arica Sunset Festival, en su tercera versión, reafirma la importancia de seguir generando espacios para la música en vivo en la ciudad, especialmente aquellos que apuestan por la diversidad de estilos y la circulación de artistas locales junto a propuestas internacionales. Más allá de ciertos ajustes organizativos, la jornada dejó en evidencia que existe una escena activa, con identidad y con ganas de seguir creciendo desde el norte.
Finalmente, el registro fotográfico de la jornada (del cual compartimos algunas postales) no solo documenta el evento, sino que también construye memoria de una escena que sigue resistiendo, creando y sonando fuerte en Arica.
TAÑE MAN




HUMOX





CARLOS ANIBAL EL MOROCO





PIEDRAMÁN & ESCUADRÓN BAMBATA





SIN APURO





BALLAM ROOTS






