La nueva sección Ariqueños en Vivo arranca con una experiencia que mezcla viaje, identidad y pura intensidad sonora. El pasado viernes 20 de marzo, en Santiago, se vivió una nueva edición del We Are One Tour 2026, un festival que reunió a nombres fundamentales del punk rock mundial: Pennywise (EE.UU.), Millencolin (Suecia), Mute (Canadá) y los nacionales Sin Perdón.
Quien escribe es Rodrigo Velásquez, uno de los directores de The Producciones, alguien cuya vida ha girado siempre en torno a la música: producciones, escenarios, bandas y todo lo que ocurre detrás de cada show. Pero esta vez fue distinto. Esta vez tocó estar del otro lado, como público, con una sola misión: disfrutar. Cantar, saltar y revivir esa adolescencia marcada por guitarras rápidas y coros inolvidables.
Para muchos, el vínculo con el punk melódico comenzó en los años 90, cuando canales como MTV llegaban a Arica a través del cable (CTV o Multivisión). En ese contexto, Pennywise no solo era una banda: era parte de una formación emocional. Temas como Same Old Story marcaron a toda una generación, y escucharla en vivo (años después) no es solo un concierto, es una especie de viaje en el tiempo.

La jornada comenzó con Sin Perdón, en un esperado regreso con su formación más reconocida. Su presentación fue sólida, cargada de energía y con una conexión emocional evidente, especialmente al ver a “Bicho” interpretando cada canción con intensidad. Fue un show honesto y potente, que dejó claro que la banda tiene aún mucho camino por recorrer.




Luego fue el turno de Mute, quienes demostraron por qué han logrado consolidar una relación tan cercana con el público chileno. Con un punk técnico, veloz y lleno de matices, ofrecieron un show dinámico y altamente conectado con la audiencia. Un detalle no menor: la banda no contaba con equipo técnico propio, siendo ellos mismos quienes montaron su escenario, tal como lo haría cualquier banda local.







Pero uno de los momentos más esperados llegó con Pennywise. Desde la primera fila (ese lugar donde el cuerpo lo resiste todo) la experiencia se transforma. No solo se escucha la música, se observa, se siente y se entiende desde otro lugar. Ver a tus ídolos de juventud, notar sus gestos, sus errores, su comunicación en escena, es entrar en la cocina del espectáculo. Un show intenso, directo, sin pausas innecesarias, donde cada canción fue coreada como un himno.






El cierre estuvo a cargo de Millencolin, quienes abrieron con Penguins & Polarbears, desatando de inmediato la euforia colectiva. Un inicio que golpea fuerte y marca el tono de lo que sería un cierre impecable, lleno de clásicos y energía desbordante.




Esta experiencia no fue en solitario. Compartir la primera fila con mi hermano (compañero de varios conciertos como Bad Religion, Descendents o Circle Jerks) es parte fundamental de esta historia. Estar ahí tiene su costo físico (las costillas aún lo recuerdan), pero la recompensa es única: miradas cruzadas con los músicos, la adrenalina del público, los cuerpos flotando en el mosh, y esa sensación difícil de explicar que solo se vive ahí, al frente de todo.

Y hay algo más que destacar: la presencia ariqueña. No fueron pocos los que viajaron desde el norte hasta Santiago para vivir este festival, sumándose también quienes ya residen en la capital. Una verdadera delegación nortina que demuestra que la música no tiene fronteras, y que la identidad ariqueña se sigue manifestando en cada rincón donde suena fuerte una guitarra.


Así comienza Ariqueños en Vivo, con una crónica que no solo habla de un concierto, sino de una forma de vivir la música. Porque aunque estemos lejos, siempre hay algo de Arica presente.
Viva la música.
ALGUNAS POSTALES
MUTE




PENNYWISE






MILLENCOLIN






