Con una emotiva y diversa jornada artística, la ciudad de Arica fue escenario del Festival Latidos del Norte, un
encuentro cultural que puso en valor dos pilares fundamentales de la identidad regional: la música andina y la
música afrodescendiente, expresiones vivas que dialogan, se entrelazan y dan forma al patrimonio cultural del
extremo norte de Chile.
Desde su apertura, Latidos del Norte se planteó como un espacio de reconocimiento, encuentro y celebración
de las raíces culturales que habitan el territorio de Arica y Parinacota. Más que un espectáculo musical, el
festival fue una experiencia de memoria colectiva, donde sonidos ancestrales, historias locales y nuevas
generaciones se encontraron en un mismo escenario.

Un inicio desde la formación y la
comunidad
La jornada comenzó con la presentación del
Taller Municipal de Instrumentos Musicales,
instancia formativa que se ha consolidado
como un espacio clave para el aprendizaje, la
transmisión de saberes y la preservación del
patrimonio musical andino. Bajo la guía del
destacado músico y formador Wellington
Castillo, niñas, niños, jóvenes y adultos
demostraron el valor de la educación artística
gratuita y comunitaria, interpretando
instrumentos tradicionales como quena,
zampoña, charango, guitarra y bombo,
conectando la práctica musical con la historia
y la cosmovisión andina.






Trayectorias que construyen identidad
Uno de los momentos más significativos del
festival fue la presentación del histórico grupo
Chasquillacta, que celebró más de 40 años de
trayectoria musical marcada por la resistencia
cultural, la difusión del folclore andino y la
identidad latinoamericana. Su recorrido
artístico —que incluye giras nacionales, una
etapa clave en Santiago durante los años
noventa y un hito discográfico con el álbum
Eclipse (1994)— reafirma su rol como baluarte
cultural de la región.






A ellos se sumó WAYNAS, agrupación folclórica juvenil que encarna la continuidad generacional del folclore
andino. Con energía, compromiso y respeto por las raíces, el grupo presentó un repertorio cargado de ritmos
festivos, propios de carnavales y celebraciones comunitarias, demostrando que las tradiciones siguen vivas en
manos de las nuevas generaciones.






Nuevas propuestas con raíz ancestral
El festival también dio espacio a proyectos emergentes como KUYAYKUNA, agrupación fundada en Arica en
2023, cuyo nombre en quechua significa “recuerdos”. Su propuesta musical integró instrumentos de cuerda,
aerófonos y percusión, ofreciendo una sonoridad profunda que honra la memoria, la tierra y la espiritualidad
andina. Su presencia reafirmó la importancia de los nuevos proyectos que nacen desde el respeto cultural y la
identidad territorial.






Proyección nacional e internacional
La programación continuó con Inti Aymara, agrupación formada en 1987, con una extensa trayectoria en Chile y el extranjero. Su historia musical, marcada por discos, giras internacionales, premios y una constante
renovación creativa, los posiciona como referentes de la música andina contemporánea. Su retorno a los
escenarios y su proyección artística hacia 2026 fueron recibidos con entusiasmo por el público.







Asimismo, Peregrinos del Norte aportó una mirada histórica a la música latinoamericana desde Arica, con una trayectoria que se remonta a 1973 y una destacada participación en importantes festivales nacionales. Su legado autoral y su vínculo con grandes escenarios forman parte de la memoria musical regional.







El pulso afroariqueño
El cierre afrodescendiente estuvo a cargo de
Carlos Aníbal & Los Morocos, agrupación que
representa con fuerza la identidad
afroariqueña a través del tumbe carnaval, el
cachimbo y fusiones contemporáneas. Su
propuesta artística, nacida desde la
resistencia cultural y el resguardo del
patrimonio inmaterial, puso en escena la
memoria, la historia y las vivencias del pueblo
afro del norte de Chile, reafirmando la
diversidad cultural que caracteriza a la región.






Otro momento destacado del programa fue la “Presentación artística Inti Illimani”, enfatizando a valorar las
raíces, fortalecer la identidad regional y promover el respeto por la diversidad cultural, invitando al público a
vivir cada presentación “con el corazón abierto”, entendiendo que tanto la música andina como la
afrodescendiente no solo se escuchan, sino que se viven y se sienten en la región.






Un festival que une territorios y memorias
Latidos del Norte dejó en evidencia que la música no solo se escucha: se vive, se siente y se comparte. El
festival fue un reflejo del diálogo intercultural que convive en Arica y Parinacota, un territorio donde las
tradiciones andinas y afrodescendientes no existen de forma aislada, sino que se enriquecen mutuamente,
fortaleciendo el sentido de pertenencia y el respeto entre pueblos.
Con una alta valoración del público y una programación cargada de contenido cultural, el festival se consolida
como un hito artístico que reafirma la importancia de seguir generando espacios para la difusión, preservación
y proyección de la cultura viva del norte de Chile.
