Ni el frío, la llovizna ni las cambiantes condiciones climáticas lograron detener una de las celebraciones costumbristas más importantes de Arica. Durante tres jornadas, el Valle de Lluta recibió a miles de visitantes en la nueva versión del Festival del Choclo, encuentro que combinó música, humor, gastronomía, emprendimiento y recorridos patrimoniales, dejando además una positiva evaluación entre comerciantes y emprendedores del sector.
Entre el 14 y el 16 de agosto, el poblado de Poconchile volvió a convertirse en punto de encuentro para habitantes de Arica, familias del Valle de Lluta y visitantes que llegaron hasta la explanada para participar del Festival del Choclo 2026, celebración que este año alcanzó su 24ª edición.
El evento había comenzado a instalarse en la agenda pública varios días antes. Emprendedoras, artesanas y dirigentas del valle realizaron un pasacalle por el centro de Arica para invitar a la comunidad y mostrar parte de la propuesta gastronómica que posteriormente llegaría a Poconchile. Desde churrascas y sopaipillas hasta queques, picarones, empanadas con masa de choclo, choclo con queso y el particular helado de choclo, la previa ya adelantaba que el producto agrícola seguiría siendo el verdadero protagonista de la fiesta.
La celebración, sin embargo, fue mucho más que una parrilla de artistas. La propia organización destacó desde sus primeras actividades el trabajo de productores, emprendedoras y familias del Valle de Lluta, ligando el festival con la identidad agrícola de una zona que históricamente ha abastecido de productos a Arica y al resto del país. Una cobertura nacional de Revista Jengibre de El Mostrador puso precisamente el acento en esa dimensión, destacando el origen territorial del choclo y el trabajo de las familias agricultoras que existe detrás de un alimento que posteriormente llega a mercados y mesas de distintas regiones de Chile.
Una fiesta nacida desde el propio Valle de Lluta
Más allá del espectáculo, existe una historia comunitaria detrás del Festival del Choclo. Durante el lanzamiento de esta versión, Alicia Gárnica Poma, integrante de la organización, recordó que la celebración surgió desde los propios vecinos del Valle de Lluta luego de una histórica bajada del río que afectó al sector. Con los años, aquella iniciativa fue creciendo hasta transformarse en una de las fiestas costumbristas más reconocibles de la comuna.

Ese origen resulta fundamental para comprender el sentido que todavía conserva el encuentro. El escenario y los artistas generan convocatoria, pero alrededor de ellos se mueve una economía local compuesta por agricultores, cocinerías, artesanas, pequeños emprendimientos y familias que durante estas jornadas encuentran una importante vitrina para comercializar sus productos.
En ese contexto, la edición 2026 tuvo además un ingrediente inesperado: el clima.
Arica y sus valles atravesaron durante el fin de semana condiciones poco habituales para una celebración realizada en pleno desierto. Frío, nubosidad, llovizna e incluso leves chubascos acompañaron distintos momentos del festival. Pese a ello, el público continuó llegando a Poconchile y la programación pudo desarrollarse, aunque no sin modificaciones.
Viernes: música local y una ausencia marcada por el clima
La primera jornada comenzó el viernes 14 con la inauguración oficial y la presencia de autoridades y representantes vinculados a la organización.
El escenario abrió espacio a exponentes locales como Carlos Fernando y Échale Salsita, para posteriormente recibir a la agrupación colombiana Sonora Malecón, uno de los números centrales de la noche. La presencia de músicos ariqueños dentro de una programación de alta convocatoria volvió a poner sobre la mesa la importancia de que este tipo de escenarios también funcionen como plataforma para la escena regional.

Sin embargo, la primera jornada sufrió uno de los cambios más comentados del festival. Agua Bella, agrupación peruana anunciada como uno de los platos fuertes del viernes, finalmente no pudo presentarse debido a las condiciones climáticas adversas que dificultaron su llegada a Arica. La suspensión comenzó rápidamente a circular durante esa jornada en redes sociales y posteriormente fue confirmada en el balance oficial del municipio.
A pesar de la ausencia, el espectáculo continuó y Sonora Malecón asumió buena parte del protagonismo de una noche que ya mostraba una importante presencia de público.



La situación también demostró la incidencia que tuvo el clima durante esta edición: no solo en las condiciones para los espectadores, sino también en la logística necesaria para trasladar artistas hacia una ciudad geográficamente alejada de los principales circuitos de producción del país.
Sábado: miles personas y una explanada repleta
Si el viernes había demostrado que el público estaba dispuesto a enfrentar las bajas temperaturas, el sábado confirmó definitivamente la capacidad de convocatoria del encuentro.
Según el balance entregado por la Municipalidad de Arica, más de 15 mil personas llegaron durante la segunda jornada hasta Poconchile, principalmente atraídas por el espectáculo de Stefan Kramer y el cierre musical de Kumbia Fusión.


La masividad tuvo también su contraparte logística. La propia información oficial dio cuenta de un extenso taco vehicular hacia el sector, reflejo de la gran cantidad de personas que intentaba ingresar al valle durante las horas previas a los números principales.
En el escenario, la jornada comenzó previamente con propuestas locales y regionales como Eingell Baltra, Nickoh El Fantasma junto a Coreano Crazy Baby y Largo Trecho, preparando el ambiente antes del bloque más esperado de la noche.


Más tarde llegaría Stefan Kramer, quien se convirtió en uno de los espectáculos de mayor convocatoria de esta edición. El humorista había anticipado su participación mediante contenidos difundidos en las redes sociales municipales y su presentación concentró buena parte de la atención de la jornada.

Posteriormente, Kumbia Fusión tomó el escenario para llevar nuevamente la celebración hacia el terreno de la música bailable.
Las imágenes y registros compartidos en redes durante esa noche mostraron una explanada ampliamente ocupada y un festival que, pese al frío y las dificultades de desplazamiento, logró transformar nuevamente a Poconchile en uno de los centros culturales y recreativos de la región durante el fin de semana.
El festival también salió de su escenario
Uno de los puntos más interesantes de la edición 2026 fue que la experiencia no quedó restringida a la explanada ni a los espectáculos musicales.
Durante el sábado y domingo se realizaron tours patrimoniales gratuitos por el Valle de Lluta, permitiendo que los visitantes conocieran espacios que explican parte de la compleja historia cultural del territorio.
El recorrido denominado “Sector Medio” incluyó las Colcas de Huaylacán, los Geoglifos Gigantes de Lluta y la Estación Rosario. Por su parte, el circuito “Sector Alto” consideró la Casa del Doctor Juan Noé, la Iglesia San Jerónimo de Poconchile y un inmueble identificado dentro de la ruta como Casa de esclavos negros. Las actividades contemplaron cupos diarios y tuvieron como punto de partida y regreso la entrada de la explanada de Poconchile.
La incorporación de estos recorridos permitió ampliar la lectura del festival. Quienes llegaron atraídos por la música o la gastronomía también pudieron aproximarse a los vestigios arqueológicos, históricos, ferroviarios, religiosos y sociales presentes a lo largo del valle.
De esta forma, el Festival del Choclo funcionó también como una puerta de entrada hacia el patrimonio de Lluta, una dimensión particularmente relevante considerando que muchos habitantes de Arica conocen el valle principalmente como espacio agrícola o como corredor de tránsito hacia el altiplano, sin necesariamente detenerse en su enorme densidad histórica.
Emprendedores sacaron cuentas alegres
Mientras los artistas concentraban las miradas desde el escenario, otra historia se desarrollaba alrededor de los puestos de comida.
El balance municipal destacó una alta demanda hacia los emprendimientos instalados durante la festividad. Algunos comerciantes señalaron que durante las primeras jornadas llegaron incluso a agotar gran parte de sus productos.
Estas experiencias ayudan a dimensionar uno de los impactos más concretos del festival: miles de visitantes no solamente observan un espectáculo, sino que consumen directamente en emprendimientos vinculados al territorio.
Churrascas, sopaipillas, empanadas, pasteles de choclo y otras preparaciones acompañaron las jornadas, mientras propuestas como el helado de choclo volvieron a demostrar las posibilidades gastronómicas del producto que da nombre a la celebración.
Un domingo familiar bajo los chubascos
La última jornada adquirió un carácter más familiar.
El domingo 16, Poconchile amaneció bajo condiciones climáticas todavía inestables y con leves chubascos, pero cientos de familias volvieron a trasladarse hasta el poblado para recorrer los puestos, compartir comidas y participar de las últimas actividades del festival.
La parrilla preparada para esa jornada apostó fuertemente por artistas regionales y espectáculos familiares, incluyendo a Mago Harry Potito, Chechecola, Racso Ojane Vilches, Los Waynas, Cata Martínez, Grupo Frenesí y Trovadores Porteños.


La presencia de Frenesí y Trovadores Porteños resultaba especialmente coherente con el carácter costumbrista del encuentro. Desde sus redes, el municipio presentó a Frenesí como un reencuentro con la antigua bohemia ariqueña, mientras que la participación de Trovadores Porteños aportó cueca urbana y repertorio popular al cierre musical de la celebración.


Así, después de dos noches marcadas por espectáculos de mayor convocatoria, el domingo permitió bajar las revoluciones y recuperar uno de los componentes esenciales de estas fiestas: recorrer, comer, conversar y encontrarse.
Redes sociales y transmisión: el festival más allá de Poconchile
La cobertura digital cumplió también un papel importante durante esta edición.
En las semanas y días previos, las redes de la Municipalidad de Arica fueron presentando individualmente a varios de los artistas, informando la programación, los tours y las novedades gastronómicas. Durante las jornadas se difundieron registros desde Poconchile y se promocionó además la transmisión oficial en vivo a través de YouTube, permitiendo seguir los espectáculos a quienes no podían trasladarse hasta el valle.
Medios y cuentas locales también fueron replicando información y registrando distintos momentos del encuentro. La suspensión de Agua Bella, por ejemplo, circuló rápidamente a través de perfiles informativos de Arica antes de aparecer incorporada al balance general de la organización.
Mucho más que traer artistas
Después de tres jornadas, el balance del Festival del Choclo 2026 deja una lectura que supera ampliamente la presencia de nombres conocidos sobre un escenario.
El espectáculo fue importante. Stefan Kramer reunió a una multitud, Sonora Malecón llevó su música hasta el valle, Kumbia Fusión puso el baile y distintos artistas de Arica pudieron presentarse frente a una audiencia masiva. Pero reducir la experiencia únicamente a la parrilla sería quedarse con la parte más visible de un evento cuya verdadera particularidad está en el territorio que lo sostiene.
El Festival del Choclo existe porque existe Lluta.
Porque existen agricultores que continúan trabajando esas tierras, familias que habitan el valle, cocineras que transforman sus productos, emprendedoras que levantan sus puestos, organizaciones vecinales y una comunidad que durante años ha convertido una celebración agrícola en una de las fiestas costumbristas más importantes de Arica.
El frío y la lluvia terminaron entregándole a la edición 2026 una postal poco habitual. Hubo modificaciones en la programación, dificultades de traslado y largas filas vehiculares. Sin embargo, también hubo una explanada repleta, emprendimientos que agotaron productos, recorridos por el patrimonio local y miles de personas dispuestas a viajar varios kilómetros desde la ciudad para encontrarse nuevamente en Poconchile.
Hasta ahora, la información oficial revisada no entrega una cifra consolidada de asistencia correspondiente a los tres días del festival. El número verificable más importante corresponde al sábado 15, cuando el municipio informó que más de 15 mil personas llegaron al poblado. Por ello, cualquier cifra global superior debe ser tomada con cautela mientras no exista un balance oficial definitivo.
Lo que sí permiten establecer las distintas coberturas es que la convocatoria volvió a ser alta y que la fiesta mantuvo su capacidad de conectar a Arica con uno de sus principales valles agrícolas.
El Festival del Choclo 2026 cerró así una nueva edición entre música, lluvia, sabores, patrimonio y una masiva respuesta del público. Una celebración que, año tras año, recuerda que una parte importante de la identidad de Arica no solamente se encuentra frente al mar o en el Morro, sino también algunos kilómetros hacia el interior, entre cultivos, geoglifos, antiguos poblados y familias que continúan dando vida al Valle de Lluta.






