Los escenarios Migrantes y Ñusta reunieron a más de siete mil personas durante el fin de semana, transformando al Parque Centenario en un espacio donde la música local, la diversidad cultural y las mujeres artistas también fueron protagonistas del Carnaval de Sabores.
Entre el 21 y el 23 de agosto, el Parque Centenario volvió a convertirse en uno de los principales puntos de encuentro de Arica con la realización de la décima edición del Carnaval de Sabores 2026. Aunque la gastronomía continúa siendo el corazón del evento, esta versión dejó en evidencia que el encuentro ha crecido hacia una propuesta cultural mucho más amplia, donde la música, las expresiones migrantes y la presencia de creadoras regionales encontraron un espacio importante dentro de la programación.
Para quienes recorrieron el parque durante el fin de semana, el Carnaval no fue solamente una sucesión de stands, parrillas o demostraciones culinarias. El sonido de las bandas, los encuentros entre familias, las distintas comunidades que circulaban por el recinto y los escenarios instalados en medio de esta gran feria fueron construyendo otra lectura del evento: Arica como una ciudad fronteriza, diversa y musical.
Y precisamente desde esa dimensión queremos mirar esta décima versión.
Migrantes: los sonidos de una ciudad construida desde el encuentro
La noche del sábado 22 estuvo marcada por el Escenario Migrantes, iniciativa que buscó poner en valor la diversidad cultural y las distintas influencias que forman parte de la música y de la vida cotidiana ariqueña.
Desde las 19:30 horas pasaron por este espacio Rubén y la Onda Lluteña, Mixtura Negra, Pamela Leiva y Noche de Brujas, en una programación que combinó artistas regionales y nacionales y que consiguió una importante respuesta del público.



Más allá de su cartelera, el nombre Migrantes tiene un significado especialmente pertinente para Arica. Vivir en una ciudad de frontera significa convivir permanentemente con desplazamientos, intercambios y mezclas. Perú, Bolivia y Chile no son únicamente países vecinos dibujados sobre un mapa: sus músicas, comidas, palabras, familias y memorias se cruzan cotidianamente en este territorio.



Por ello, incorporar un escenario dedicado a la diversidad dentro de una celebración de estas características permite comprender la cultura regional desde una perspectiva mucho más amplia.
No existe una identidad ariqueña completamente aislada de estas influencias. Por el contrario, buena parte de aquello que reconocemos como propio se ha construido históricamente mediante encuentros entre poblaciones andinas, afrodescendientes, migrantes y habitantes provenientes de diferentes lugares del país y del continente.



El Carnaval de Sabores ya había profundizado esta línea durante su edición 2025, cuando el Festival Migrantes incorporó representantes gastronómicos de Perú, Bolivia, Colombia y Venezuela junto con música y actividades vinculadas a interculturalidad. La continuidad de este espacio durante 2026 permite comenzar a hablar no solamente de una actividad complementaria, sino de una línea cultural que merece seguir desarrollándose.
Ñusta: mujeres tomando el escenario
El domingo 23 llegó uno de los momentos más interesantes de la programación cultural con una nueva edición del Escenario Ñusta, propuesta destinada a visibilizar el trabajo de las mujeres dentro de la música regional.
La jornada reunió a Nómadas, La Coleccionista de Ataduras, Eingel Baltra, Asskha Sumathra y Javiera Parra, generando un cruce particularmente atractivo entre propuestas ariqueñas y figuras de trayectoria nacional.



En este punto, la programación adquiere una relevancia que trasciende el espectáculo.
Las escenas musicales —en Arica y en buena parte del país— han estado históricamente atravesadas por una presencia masculina mucho mayor sobre los escenarios, en la producción y en los espacios de circulación. Crear una jornada específicamente orientada a mujeres permite visibilizar proyectos que muchas veces deben abrirse camino dentro de circuitos donde las oportunidades continúan siendo desiguales.
La propia Javiera Parra destacó en Arica la importancia de generar eventos con enfoque de género, señalando que todavía existen pocos espacios musicales construidos desde esa perspectiva. La cantante también participó durante la jornada en un conversatorio junto a músicos, gestores y gestoras culturales de la región.
Para la escena local, además, Ñusta permitió reencontrarse con proyectos que vienen desarrollando trabajos propios desde Arica.
Entre ellos estuvo La Coleccionista de Ataduras, propuesta que representa precisamente esa creación musical nacida desde regiones y que puede dialogar en un mismo escenario con artistas nacionales sin perder su identidad territorial.


Y ahí existe un desafío que debería mantenerse para futuras versiones: que estos grandes eventos no solamente traigan artistas reconocidos desde Santiago, sino que también funcionen como plataformas reales de circulación para quienes producen música durante todo el año desde Arica y Parinacota.
Más de siete mil personas frente a los escenarios


La respuesta del público confirmó que la dimensión musical no es secundaria dentro del Carnaval.
De acuerdo con el balance difundido tras el encuentro, más de siete mil espectadores participaron de los escenarios Migrantes y Ñusta durante el fin de semana. Ambas jornadas fueron impulsadas por la Seremi de las Culturas, las Artes y el Patrimonio dentro de la programación general del Carnaval.


La cifra resulta particularmente significativa porque demuestra que existe audiencia para desarrollar festivales musicales asociados a actividades masivas de la ciudad.
El Carnaval de Sabores puede ser gastronómico en su origen, pero durante algunas horas el Parque Centenario se convirtió también en un verdadero recinto de conciertos.


Familias completas, jóvenes, visitantes y seguidores de los artistas se desplazaron hacia los escenarios, generando imágenes que probablemente explican mejor que cualquier cifra lo ocurrido durante esas jornadas: miles de personas encontrándose frente a la música en un espacio público de Arica.
Un Carnaval que comienza a contar muchas historias
La décima edición reunió además a más de un centenar de emprendimientos y se desarrolló con acceso gratuito, incorporando gastronomía, productos regionales, artesanía, actividades infantiles y espectáculos. La programación oficial confirmó así una transformación progresiva del Carnaval hacia un evento multidisciplinario.
Y quizás ese sea uno de sus aspectos más interesantes.
Los alimentos también son cultura. Detrás de una preparación existe territorio, migración, agricultura, memoria familiar y transmisión de conocimientos. Pero alrededor de esas mismas mesas existen igualmente canciones, lenguajes, maneras de celebrar y diferentes formas de entender la identidad.
Por eso resulta pertinente que un encuentro gastronómico pueda conversar con la música.
Migrantes recordó que Arica se ha construido históricamente mediante desplazamientos y cruces culturales.
Ñusta puso el foco sobre mujeres que están construyendo música y abriendo espacios dentro de la escena.
Y las miles de personas reunidas frente a ambos escenarios demostraron que la comunidad responde cuando encuentra actividades culturales gratuitas y de gran escala.


El desafío para las futuras versiones estará precisamente en profundizar esa identidad: más artistas ariqueños, mayor diversidad de géneros musicales, espacios para proyectos emergentes y escenarios capaces de mostrar que la cultura producida en el extremo norte tiene muchísimo que decir.
Porque durante tres días el Parque Centenario olió a parrilla, cocina regional y productos de nuestros valles, pero también sonó a Arica.
Y para quienes estuvimos principalmente detrás de una cámara registrando esos escenarios, probablemente son esas imágenes —los músicos, el público, las mujeres sobre las tablas y las distintas culturas encontrándose frente a ellas— las que mejor terminan contando lo que fue el Carnaval de Sabores 2026.
